
EL PODER DEL ESPIRITU SANTO

Declaración del élder Delbert L. Stapley, que fue
miembro del Quórum de los Doce:
“Si los profetas hablan por medio del poder del
Espíritu Santo, entonces también se necesita al
Espíritu Santo para interpretar correctamente las
enseñanzas de los hombres santos. Por lo tanto,
quienes no posean el Espíritu de Dios no pueden
comprender las cosas de Dios” (en “Conference
Report”, octubre de 1966, pág. 113; véase también
1 Corintios 2:10–11, 14; 2 Nefi 25:4).
SED PUES PERFECTOS
Consejo que el presidente Joseph
Fielding Smith dio acerca de la perfección:
“Obviamente, muchas personas han aplicado mal o
aplicado en forma limitada las palabras del Salvador
en el Sermón del Monte: ‘Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto’
[Mateo 5:48]. El Salvador sabía que el hombre mortal
no podía alcanzar la grandiosa meta de una perfección
como la de su Padre Celestial, pero que era aquí, en la
vida terrenal, donde debía colocar los cimientos, para
después continuar de gracia en gracia, no solamente en
esta vida sino también en las eternidades por venir. Y
está dentro de las posibilidades de toda alma fiel el
obtener finalmente esa perfección” (Answers to Gospel
Questions, tomo IV, pág. 72).
LO QUE NECESITA UN CONVERSO

Declaración del presidente Gordon B. Hinckley:
“Con un número de conversos cada vez mayor,
debemos incrementar de manera substancial nuestros
esfuerzos para ayudarlos a integrarse. Cada uno de
ellos necesita tres cosas: un amigo, una responsabilidad
y ser nutridos ‘por la buena palabra de Dios’ (véase
Moroni 6:4). Tenemos el deber y la oportunidad de
proporcionarles estas cosas” (“Los conversos y los
hombres jóvenes”, Liahona, julio de 1997, pág. 53).
VIVIR DE ACUERDO CON DIOS

El élder Joseph Fielding Smith dijo:
“El Señor inauguró esta gran obra cuando fue y
predicó a los espíritus encarcelados, a fin de que
pudiesen ser juzgados según los hombres en la carne
(o en otras palabras, de acuerdo con los principios del
Evangelio) para que vivan de acuerdo con Dios en
el espíritu, mediante su arrepentimiento y aceptación
de la misión de Jesucristo que murió por ellos”
(Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 124).
DIOS DE LOS VIVOS COMO DE LOS MUERTOS

Palabras del élder Mark E. Petersen, que fue miembro del Quórum de
los Doce:
como de los muertos, y que, en realidad, aun hasta
los muertos están vivos para Él. (Véase Lucas 20:38).
“Acerca de los muertos, es necesario que exista la
obra vicaria si es que han de ser juzgados según los
hombres en la carne; y para hacer esto deben ser
identificados; a eso se debe el extraordinario
programa genealógico de La Iglesia de Jesucristo de
los Santos de los Últimos Días. El programa no se
organizó como pasatiempo, sino para lograr los
eternos propósitos de Dios” (véase “José el Vidente”,
Liahona, octubre de 1977, pág. 53).
ACTIVIDAD DE INSTITUTO
UNA SENCILLA VERDAD
Consejo del élder Joseph B. Wirthlin“Esta es la sencilla verdad: Todo lo que no nos acerque
a Dios nos aparta de Él. No hay peros que valgan, ni
excepciones en que podamos pecar un poquito sin
sufrir un declive espiritual. Es por eso que debemos
arrepentirnos y venir a Cristo diariamente doblando
las rodillas en humilde oración, para que las hogueras
de nuestro testimonio no sean extinguidas por el
pecado” (“Hogueras espirituales de testimonio”,
Liahona, enero de 1993, pág. 40).
TU MANERA DE HABLAR

“Tu manera de hablar y las palabras que usas dicen
mucho de la imagen que presentas. Haz que el
lenguaje que uses sirva para edificar y elevar a los
que te rodeen. El lenguaje profano, vulgar o grosero
y las bromas o chistes indecentes o inapropiados son
ofensivos para el Señor, dañan tu espíritu y te
degradan…
“Los chismes son otra forma de usar el lenguaje en
forma dañina. Cuando dices algo malo acerca de
personas que no están presentes o revelas sus secretos,
estás chismeando, y eso causa dolor a otras personas.
El Señor nos manda que nos amemos unos a otros;
para obedecer ese mandamiento, habla con bondad y
en forma positiva acerca de los demás” (La fortaleza de
la juventud, págs. 10–11).
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